domingo, 21 de marzo de 2010

Declaración para María

Odisea al infierno de tus ojos.

Vine a estas tierras orientales de desérticas montañas y caminos de cañares, que persiguen a las turbias aguas verde oscuro de las acequias musulmanas donde encuentran su final: cañas agua barro detritos, en las dunas y la orilla de la mar.
Llegue siguiendo el instinto de los rudos caminantes que luchan por sobrevivir. Con ansias de saciar como los bárbaros de la estepa los instintos. Buscando la fortuna que el Cid tuvo en valencia. Yo huí de ella para encontrar en estos paramos la mía.
Poseía frenéticos deseos de abrirme paso conquistando la libertad como los anarquistas de principios del s. XX, a roja sangre y a negra roca de volcán.
Esquive las cadenas que transmiten la lepra social: la familia, el estado, el mercado laboral, las novias que quieren ser bendecidas vestidas de blanco en un altar.
Milite en las filas del rebelde Satán, y le traicione al conocer tu candidez.
Paraste en seco mi camino, mi Fe.
Sembrarte en mí sentimientos de ateísmo, me hiciste creer que la dicha más grande de un hombre sería pasar la vida a tu lado.
Dudaba sobre la realidad de las cosas, sufría por no estar contigo.
Dude.
¿Podía equivocarme Yo, al decir que no se debe amar lo bello, lo pacifico, lo dócil, lo femenino?
¿Que efecto causo tu persona en mi mente para que me hicieras conspirar contra mi?
La nublo de negros celos, por no ser Yo el que al abrir la puerta cansado de sudar bajo el yugo del burgués, fuera feliz de fundirse en un abrazo contigo.
Sudor, trabajo, sumisión, docilidad.
!Tanta estúpida sencillez cotidiana! y ¿por qué lo necesitaba tanto?
Fue por tocar tu suave perfumada mano. Rozar tus mejillas enveneno mi alma.
Durante siete días y siete noches mi cuerpo estuvo tentado de tu tacto, necesitado, plagado de tu recuerdo que no escapaba de mi mente en mi retiro bajo un olivo.

Recordar tu figura y palabras en las dominicales conversaciones que era cuando nos veíamos; era contemplar con el recuerdo la más bella flor de estas tierras.
Naciste enraizada en esta negra tierra, desconocedora de otros lugares . Visible solo para las malas gentes que yerran su camino en este pueblo.
Esperanza de la comarca, tu existes, por ello esta aquí el dulce fruto y lo bueno.
Haces resplandecer las grises rocas, los surcos profundos donde laboran hombres que tras su vida honrada de trabajo, ocultan funestos pensamientos.
Das color a los alcornocales raídos, haces soñar a poetas y desarmar a revolucionarios.

Convertiste mis carnes en cenizas que tire a tus pies para que tu huella quedara sobre mi boca.
Mi alma que se erguía desde la tierra hasta las estrellas, menguó hasta quedar atrapada en las paredes de mi corazón. En una macabra danza bailaba con tu sombra.
Siempre deseándote y siempre huyendo ! maldita María !
Tu que eres llena de gracia, apiadate de mis pecados, ruega por mí y no sueltes nunca mi mano.
Las huestes libertarias del infierno me abandonaron, como mi voluntad y conciencia cuando descubrieron que mi pasión, mi cariño, mis ganas de bailar contigo sintiendo el ritmo de tu corazón sobre mi pecho, se estaban transformado en amor platónico. El más horrendo y pervertido de todas las formas de amor.
Cualquier crimen me lo perdonaría, cualquier exceso, pero no puedo perdonarme el adorarte inocentemente.
Ignorando mi fiereza me hiciste ser un tigre virgen que maullaba entre tus hermosas rodillas, al que le pellizcabas los mofletes y dabas caricias en la cabeza.
Como un estúpido Cristiano vivía para adorar a su Cristo convertido en diosa de nombre María.
Nada que se vea puede ser tan hermoso como contemplarla, y era feliz soñando con ella en ese estado que proporciona absoluta libertad, incluso al esclavo. Aunque era prisionero de la realidad al despertar, y un vencido revolucionario.

Ningún poema puede igualar en su descripción a su belleza, ni ningún relato se puede comparar a mis penas por amarla.
Mil maravillosas guerras de liberación, en las que hubiera aplastado a todos mis enemigos y habiendo devastado todos los estados de la tierra, no serían suficientes para sentirme colmado de gloria, fuerza y paz ante su recuerdo.
Solo ante ti me he sentido débil, cobarde, pobre por no poseer.
He vagado por las calle y aceras huérfano de mi , buscando en los destellos de las pupilas de otras mujeres las tuyas, y nuca los encontré.
Nací para amarte y no poder estar contigo, para naufragar por la ausencia de tus abrazos, ahogándome mientras me contemplas.
Y para morir en un auspicio desahuciado, sin que recuerdes mi sacrificio por ti en mi vida, mientras paseas de la mano de otro.
Contigo he aprendido que no mentían los que me decían que les dolían golpes y manotazos con los que les llevaban a la fosa los fantasmas de las ausencias de lo seres amados.
Y que son ridículas criaturas los que inventan aventuras maniático-depresivas de amores infantiles, repletos de barroquismo platónico de príncipes y princesas.

Yo que deseaba hacer la revolución y no el amor, ganar la libertad, ser consumido entre carnales deseos por todo genero de criaturas terrenales o espaciales, tropecé.
Quede ya por siempre en el suelo, detenido mi reloj cuando te contemple, y escuche la candidez de tu palabras.
Y la única solución que puedo encontrar para dejarte de amar, es fabricar una bala de plata con una vieja tetera familiar, gravando tu nombre y mi amor.
Pero no puedo hacerlo no por cobarde, sino por egoísta, y temer más que a las parcas el no poder verte.
Tu ternura femenina me hizo abjurar de no querer estar con alguien que no fueras tu.
Ante la delicadeza de tus proporciones, tus palabras, tus gestos ¿Qué puedo hacer?
¿Como me puedo rebelar?
Tanta belleza me sobrecoge.
Quizás por los sentimientos puros que generan, y las contradicciones dialécticas de idealismos de ascetas, en el discípulo de Satán.
Mi amor por ti vestido de idealismo, carente de materia, entreteje una telaraña neurotóxica de fidelidad y amistad, donde el tigre queda atrapado.

Angelillo a la amistad de María en su cumpleaños.

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