viernes, 22 de junio de 2012

En la cuneta, de Angelillo de Uixó.

En la cuneta, de Angelillo de Uixó. Código: 1206221847380 Fecha 22-jun-2012 10:33 UTC . Poemilla que cantan los gitanos de Lorca. Aullidos de pena llaman a la ventana de Antonio Heredia que se esconde con semblante de urraca detrás del nido de la pantalla del ordenador. Trata de concentrase entre el flujo de la información cambiante. Se le retuerce el gesto de feligrés distraído que soporta un discurso del sacristán. El templo, una vivienda ruinosa donde la cucaracha enlutada sale de paseo por la noche, y la rata roe la pintura de las paredes durante el día. La casa la da por perdida. Tras el atril de la pantalla, que sirve de cortina a la desnuda ventana, la calle . El ordenador, difuso y marchito pistonea a cada click y amenaza con desaparecer dejándole cara de tonto aislado del mundo. Aprovecha la oportunidad de una nueva revelación en google que promete más esperanzas que Addeco, laboris.net y el inem en el milagro de la colocación de material de tercera sin reciclar por cursillos. Se apunta a laboris oportunity con el estrés de crear una nueva clave y un nuevo perfil de usuario. Sueña despierto con ser uno de los 20 agraciados de su oferta: Recoger perasen Lerida por 5 euros la hora, más aparte descuento de comida y pensión. Manda enviar, entregando su vida laboral a través de un curriculum , aunque la empresa no le pueda llamar por qué su teléfono lo ha dado de baja en vodafon. Llegan más fuerte las voces de pena. Cabalga con jinetes oscuros de duras espuelas entre el canto del gorrión en la antena, y el aleteo de una paloma que aterriza en la cornisa. “el puñal entra en el corazón como la reja al arado en el yermo No. No me lo claves. No” Se agita tembloroso, apretando la silla con ruedas junto el nido de la mesa Antonio Heredia. Pierde la cabeza contemplando a lo lejos, detrás de una verde olivera, la sombra gallarda de un aceitunado gitano cantando su drama. La chicharra vuelve a reinar en el bochornoso día de junio, furiosa y rabiosa. El gitano se calza los zapatos y se marcha calle abajo al ver la ronda de la guardia civil por el barrio. Frente a la casa de Antonio Herida, asomando el ojo legañoso y cansado sobre el marco de la pantalla, el barrio de texas de Vall d´Uixó, clavado sobre el cañaveral de una barranco seco, y en la orilla de una ladera calva y quemada que arroja cenizas y huesos de difuntos de la guerra los días de tormenta. Vuelve a besar el oído de grillo de Antonio Heredia el taconeo y las palmas. Le cambia la cara de budista en estado de nirvana el siniestro canto: “el puñal cómo un rayo de sol incendia terrible hondonadas” Se violenta Antonio Heredia con el terrible canto de muerte. Cuchillos y cruces aspadas flotan en el ambiente. Los gitanos plantados en el descampado al que acuden exhiben sus desnudos torsos cobrizos. Sobre ellos, a su grupa, el monte; y un cinturón de trincheras en las que se estrella el sol contra hormigón y las piedras. Culebreras envuelven el barrio. Se forman sombras en los matorrales de la cumbre, donde se esconde la liebre y asoma una cruz para recordar la muerte de un suicida parado que tras el embargo, las injusticias del ayuntamiento, el egoísmo de sus vecinos, habiendo caído en la mendicidad, se colgo de una rama para protestar contra todos ellos. Pero ni sus vecinos, ni el ayuntamiento, ni la empresa para la que trabajaba, ni el banco,ni el Inem, comprendieron su gesto heroico y reivindicativo. Se limitaron a tirarle tierra y plantar una cruz en la montaña quemada. -Ayyy, Ayyyy,Ayyyy, que suerte tienen los gitanos que les regalan la casa, que las asistentas sociales les dan pagas- exclama con los ojos llenos de lagrimas ante la lejana cruz Antonio Heredia. Abre su correo electrónico y ninguna empresa se ha puesto en contacto con él- a los gitanos la ley no les hacen nada. Ayyyy, Ayyy que pronto vendrá la orden del juez y los civiles a embargarme la casa. Antonio Heredia no sabe que las sombras tostadas que ve desde su ventana están muertas. Vagan por texas cómo los perros abandonados, ladrando su pena, heridos en las entrañas cuando les dieron las casas de protección oficial y apareció junto un concejal del partido popular un pastor evangelistas y un maestro de escuela. Los condujeron cómo borregos balando: el señor, el señor, el señor , el tio Camps y la escuela. Le enseñaron en las puertas de una iglesia evangelista: ésta es vuestra religión, el hombre rubio de largos cabellos es vuestro Dios, dedicarle palmas y taconeo, este barrio vuestro mundo, y este libro de sociales la verdadera cultura. Ninguna cruz recuerda la muerte de los gitanos, más que una mata de azafrán y otra de jazmín en un macetero frente a la carretera. Unos metros más arriba de la casa de Antonio Heredia, otra vivienda. Un corral soleado repleto de trastos y dos palmos de tierra. Suena el agua mansa y tranquila alimentando la tierra, cae sobre unas tomateras. Una pequeña perra enroscada sobre una sabana levanta la oreja y el abanico de sus pestañas. Hace camino hacia la cuesta, abre la verja con la patita de delante, y cómo San Gabriel a María, anuncia a Isabel Montoya. Va toda vestida de negro, alicaída, pensando en sus hijos. Uno, el mayor, el indiano está en Brasil, buscando trabajo que no encuentra, y no puede volver. Dos más, en España, parados que ya no buscan trabajo y sueñan con ir a Brasil. -Hola Meidei, hola- le dice la mujer a la perrita enternecida y ñoña. La perra da vueltas volatinera en torno a ella, se para moviendo el rabo: la mira con sus gruesos ojillos redondos y llorosos del color de la miel. Recibe caricias y besos de una mujer que siente a su camada perdida y la dicha alejarse de ella. Entrega su ternura a todos mamífero que le presten atención: un perro, un gato, un asno, incluso le han visto dando un beso en el pico a un pato. Sigue su camino Isabel Montoya seguida de la perra. -Que asco de sociedad, está podrida, y exige limpieza e higiene. Aquiles voy a formar una asociación contra el jabón y el agua- exclama escupiendo agua por la boca Angelillo de Uixó mientras sujeta una regadera que lo ducha con el agua que ha sobrado del riego. El pastor alemán que comparte obligado la ducha, tiene las orejas caídas, el rabo entre las piernas y la mirada gacha, el semblante de pavor y pena. Siente la misma repugnancia que su amo al viscoso jabón- Que esfuerzos se debe hacer en nombre de la inclusión social y contra el prejuicio. Hipocresía Aquiles, hipocresía. Salen del corral por la rampa hacia la casa. Las flores- se dice pegándose un golpe en la frente- da media vuelta y descalzo se llena de barro hasta coger unas flores amarillas de calabaza que perfuman el aire. Se escucha el cante jondo de los gitanos cuando el pastor alemán galopa hacia la calle. “el puñal no me lo claves no” !Que bien cantan los gitanos!- comenta Angelillo de Uixó contemplando desde la baranda el barrio de texas. Los perros de los corrales de San Antonio ladran homicidas lanzando fieras colmilladas, un gato rebufa, un puerco vietnamita chilla y Platero el ponny rebuzna. Dos jóvenes con aspecto de recién corridas galopan haciendo futting para ser más bellas y deseables, las bestias se excitan. Llegan al pueblo cuyas calles se las tragan sudorosas y extasiadas. Aquiles husmea cerca de una garrofera y acude junto Angelillo, se cruzan con Meidei que baja moviendo el rabo y entran en casa. Cierra la puerta. Con dolor de estomago Angelillo prepara el desayuno mientras los perros se encalan a un colchón de una cama y le observan. Empieza a moler algarroba con el molinillo del café, dando voz a la radio que arroja sentencias: El mal de la economía y del país es la prima de riesgo, la improductividad y falta de formación de los trabajadores, así cómo la democracia griega. Qué razón que tienen Aquiles, Meidei- les dice a los perros en pose de mascotas peluches, miran hipnóticos girar el molinillos del café. Mezcla la harina con leche, flores de calabaza, pan rallado y lo pasa por aceite de girasol en la cocina haciendo una deliciosa tortita. Vuelve de la cocina al cuarto. Contempla Angelillo desde la ventana de la habitación situada al este, el azulado mar del horizonte, y cabalgando un plateado velero. SI tuviera cómo ayer mi coche, mi moto, iría a las dunas de la mar, me acercaría a una bella mujer morena, y nadaría entre las jabonosas olas con los delfines, pero todo lo he perdido- les dice atribulado a sus perros. El ruido de un cascabel hace dar un brinco a los perros cuyas ocho patas suenan a alemanas. Arañan la puerta, gimen y lloran. Angelillo con la boca llena y rostro de coronel les pide calma mientras el cascabel está sonando impertinente en la puerta. -!Quietos, quietos! ¿qué os pasa? Abre y salen pasando por encima de una perrita de color canela, de piel mugrosa y en cuyo cuello cuelga un cascabel. Aquiles le pone la pata encima , el animal retrocede y brinca, dan saltos jugando a perseguirse durante un rato. Vuelven con la lengua fuera y cansados, cómo apasionados amantes. Angelillo saca a Canela agua que bebe y algo de comida, que come, luego se despide camino abajo siguiendo el rastro de la muerte. A unos metros detrás de una curva, bajo un sombrero de paja, camisa de la selección española, un rostro severo enseña sus dientes blancos y parte de su rostro moreno. Escuálido cómo una bacalao seco, taciturno, con una garrota de encina en la mano, al ver pasar a Canela azuza a sus perros de caza del jabalí que adiestra. Canela sale corriendo y tras ella 6 fieras hiladas de dientes que atroces devoran el aire azulado. Zigzaguean entre bancales, pinares, matas de romero que atraviesan . Una sonrisa tirana observa la caza bajo un sombrero de paja. Bajan al barranco de texas y suben por la cuesta agotados hacia las trincheras entre ladridos de excitación y rabia mientras cantan seguidillas a la muerte los gitanos. Vuelven a su amo al cabo de una hora, con pelos del color canela entre los dientes y los hocicos lleno de sangre 5 canes. Los premia con chuscos de pan duro y tocino agusanado. Junto a la cruz del ahorcado llega Canela derramando sangre sobre el calvo monte. Tiene el costado desgarrado. Enseña los blancos dientes espumosos con los ojos desorbitados. El jefe de la manada, grande cómo un tigre y negro cómo un toro, con los pelos erizado, terco cómo el solo, es el único que queda. Observa a la perra heroica y cómica. Da media vuelta satisfecho. Canela cae bajo la cruz mientras el día se aleja. Llega la negra noche con su manto de estrellas que la ilumina blanca entre un charco de lechosa sangre. Al día siguiente se levanta, temblando cómo un borracho, da unos pasos por el sendero contrario por el que subió. Dejando arrastras un reguero de sangre y martirio entre el romero y la ajedrea, hasta llegar a una casa vacía, donde choca su cuerpo contra una verja cerrada. Los perros que custodian la finca saltan furiosos y fanáticos empujando sus cadenas mientras los ojos de Canela se apagan. Sale de su garganta sedienta suaves jadeos, y el viento de levante mece su pelaje revuelto. Por el camino llega una vieja motocicleta pegando tiros con el pistón de su cilindro, una estela de humo le sigue y un hombre mayor, con cara de luna de valencia la conduce despacio y fumando un puro. Aparca junto a la puerta. Ve a la perra extendida con la herida abierta. Pasa por encima de ella, saluda a sus perros que atados se esfuerzan por llegar a su amo, y con un saco en la mano mete a la perra. Arranca silencioso la moto, y por el camino la lleva arrastrada levantando cortinas de polvo, hasta llegar a una cuneta donde la lanza. Suena el golpe de su cuerpo sobre la cuenta que la acoge media cubierta. Entre botes de aceite, maderas, basura, ruedas, se exhiben sus patas traseras dobladas, una sobre otra, formando una cruz. Angelillo de Uixó.

1 comentario:

  1. Hola,
    He leído detenidamente la historia que cuentas, y me entran dudas sobre un aspecto: ¿la historia es inventada sólo para explicar la muerte del animal? O ¿realmente viviste esta historia que narras aquí?
    Muchas gracias.

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