jueves, 5 de octubre de 2017

Calima, historia del cambio climático interminable



El 5 de octubre del año 2017 corte con la cabeza el suelo al dejar caer la regadera. Me elevo sobre un pedregal de vall d´Uixo, como un asceta perdido en un mundo liberal contemplando dos realidades  contrapuestas, y a la vez cientos, miles, de realidades implícitas unidas entre ellas dispuesta a encerrarme en un laberinto. Sobre mi mundo  arena, tierra, sequedad, y aislamiento, degeneración por cuanto me rodea. A mi alrededor solo hay  libélulas que se posan entre los palos que sirven para que trepen los guisantes, cuyo dolor está escrito entre sus hojas debido al efecto de la presión atmosférica. En el fondo del horizonte, aun se ve lo que les ha atacado. "La calima" como una bestia  surgida de las profundidades , se balancea blanca, suspendida entre el mar y los edificios de los pueblos del contorno  que podía divisar entre agrestes y desoladas colinas, Nules, Moncofar. El calor y este efecto propio del verano producía unas temperaturas sofocantes, que atentaban contra la vida vegetal, "tan inadaptada a los cambios". los días previos a este día, fueron idénticos a este , y los meses de  verano que se acaba de ir, el más  tropical que se tenga constancia, y el verano se adentraba en territorio otoño. Otoño según las horas de sol y el calendario, pero no un otoño de llovía como tantas canciones, un otoño seco.
Las piedras de este lugar, mis compañeras de destino, entre las que acabare recodando el mundo, como un canto rodado que una vez cantó a este tiempo, eternamente viviré como piedra, son testigos de lo que digo:-
 ellas decían amontonadas unas sobre otras, "tan llenas, tan duras, tan eternas frente a tanto cambio" no recordamos nada igual a este día.
 Desde hacía meses, no llueve. Lo que  hace diferente  a este día  del día ayer, y el  motivo que interrumpe mi mundo de piedra, que algo ha movido,  es la visión de esa niebla blanca de calor flotando. La primera siembra de invierno, está perdida.Los guisante yacen mustios empalados junto las cañas. Se habían arrojado rendidos a las ramas en la madrugada, para descansar asfixiándose lentamente. Sabía que para muchos de ellos, echarles agua era una perdida de tiempo en estos momentos.Las hojas de acelgas, parecían los tentáculos de los pulpos escarbando en la arena de un fondo . Las lechugas estaban acostadas, amarillas, enjutas y ásperas sobre el suelo. Tenían color amargo, habían perdido su liberal color a la vista. Para este rincón, y lo que nos acontecía, a nosotros las criaturas del pedregal,, hombre, azada, matorral, huerto, era un día de derrota. Solo un zafarrancho de agua nos podía salvar. El viejo algarrobo lo sabía. El agua. Ella vibraba en mis manos a diario. cien, doscientos litros ,pasaban de la roca de la fuente a mis manos. El viejo bar oasis, se cobraba algún café de mi parte, y alguna una ironía de la vida con su palmera verde pintada en la fachada. Yo  atrapaba el agua como en el sahara, en garrafas para derramarla  lentamente para que la chupara la tierra, como se chupan los labios cuando se ama o cuando se finge amar. Pero este día, 5 de octubre como si la calima anunciara uno de los otros cambios que vendrían, al presionar el grifo, salia un pequeño chorro de agua de la fuente del oasis. a través del negro agujero recibía su blanco néctar con estrépito de cascabeles, arrastrando un murmullo y un olor aséptico  de agua-  hipocresía  de estos tiempos, mientras se desinfecta el agua, se ensucia el aire. El viento arrastra partículas nuevas y mutantes, como llegan a los campos nuevas especies invasoras, una de las cuales aplaste contra mi antebrazo. dejando al mosquito tigre entre mis pelos enterrado. Llego con el agua en carretilla como un asceta neolítico en un paisaje de cavernas rodeadas de chumberas, bajo los cuales estaban mis ajos, cebollas, tomates, amaranto. Mi sabana africana en vall d´uixó. me falta la tribu. Allí estoy yo estacado, cavernícola indomable luchando contra la calima y el homus cognitivus. El hombre más repelente de todos los tiempos: el racional y político. EL agricultor que me rodea, esta incorporado a la red de agua, es ajeno al cambio climático, pero igual de pobre que yo en su balance de resultados, se admiraba de las toneladas de naranjas que conseguía de cuatro fanecadas sin esfuerzo, ocho, diez toneladas, doce, más o menos. Y unos mil euros de perdidas anuales. Y eso no era nada, su logística estaba a punto de saltar por los aires. El cambio climático venía de mil maneras inconcretas. Todo cambia a cada segundo. Hoy calima, mañana gota fría, heladas y al día siguiente sol. Las probetas científicas que nos había conducido  hasta aquí , acabarían flotando en el cieno, pues la ciencia no había descubierto nada real, solo el peso, la comparación entre las superficies de las cosas físicas. Las vecindades humanas serán ya un nido humano de miseria personal . colmenas humanas agotadas, servían para alojar náufragos, seres de la caverna en ciudades pomposas, urbanas, modernas, con personas arrojadas a la hoguera de la exclusión, la corrupción y la degeneración. algunos de volvería gayas, portavoces de la tierra, otros se tirarían a la tabernas, o al sexo. Cada cual es responsable de iluminar su mundo con estupideces. Un orden mundial basado en los actos de cada uno. Liberalidad absoluta. Un desierto mental amenazando ¿ qué puede llenar el desierto? la familia, el coche, la patria.... No, ante ese desierto el suicidio. junto ese desierto mental como analogía, el desierto físico, cada día muchos metros de diserto avanzan. Y la gente  huye de esos desiertos que les llegan. Y vendrán como llegaron los bárbaros la gente del desierto. Y es posible que se detengan ante nosotros. y al contemplar nuestro mundo, no  nos aplasten y nos admiren, y no devasten nuestra civilización,y se unan a ella como ciudadanos de segunda en el sector servicio. Pero queda otra salida, si por nuestra propia estupidez no nos destruimos, que es el plan A, queda el plan B. Retroceder para avanzar. un colapso general. Un cambio climático que termine con las cosechas, la pesca, la ganadería. Y que el hombre sano respire con su lanza. Que truene el clan, el aullido de los lobos, las orgías en las selvas. La vida sencilla de un mongol. La sonrisa de un bárbaro. El sonido de los cuernos. Las migraciones de los pueblos por las estepas. Y que durante miles y miles de años nadie pueda relatar esto porque nadie sepa leer. que solo tengan de estos millones de vidas recuerdos las piedras.
Angelillo de Uixó

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